SERPA ES LA CUNA DE ALGUNOS

PERSONAJES, Y EL SUJETO DE ALGUNOS EPISODIOS HISTÓRICOS

que reflejan su relieve y un papel mayor que el que le toca, naturalmente dentro de los límites del concejo. Territorio fronterizo, es aquí donde nacen los cuerpos militares ballesteros en la época medieval. Entre sus hijos ilustres, el Abad Correia da Serra y el Conde Ficalho, curiosamente socios en los intereses botánicos y en el culto de la literatura. Pero Serpa también es tierra del pueblo y fue uno de los bastiones en lucha por un horario de trabajo digno en los campos del Alentejo.

ABAD CORREIA DA SERRA

José Francisco Correia da Serra nació en Serpa en el año 1751. Se ordenó religioso en 1775 y después cursó Derecho. El Abad Correia da Serra, título por el que llegaría a ser conocido en varios continentes, se dedicó de corazón y alma a los estudios botánicos y fue considerado en su tiempo uno de los mayores investigadores de la Carpología y Fisiología Vegetal. En 1779 fundó, junto con el Duque de Lafões, la Academia Real de las Ciencias, de la que fue el primer vicesecretario. Además de su gran dedicación al mundo natural y sobre el que dejó inmensos trabajos, el Abad Correia da Serra, que dominaba nueve idiomas, se distinguió también como diplomático, filósofo y profesor.

Admirado por su inteligencia, conquistó una gran reputación internacional entre diversas personalidades de su tiempo e hizo amistad con figuras notables como Thomas Jefferson, político que lo consideró "uno de los hombres más cultos de su época”.

Al final de su vida, ya de vuelta a Portugal, se convirtió, en 1821, en miembro de la corte de D. João V. Retomó, de modo indirecto, sus raíces alentejanas al ser elegido diputado por la ciudad de Beja en 1822, cargo que no llegó a asumir por motivos de enfermedad. Falleció el 11 de septiembre de 1823.

© Domenico Pellegrini, Abad Correia da Serra

LOS VENCIDOS DE LA VIDA

«Vencidos da Vida» es el nombre por el que se conoció a un grupo informal constituido por personalidades intelectuales de mayor relieve de la vida cultural portuguesa de las últimas tres décadas del siglo XIX, con fuertes conexiones a la llamada Generación de los 70. El nombre del grupo, según parece, fue adoptado por sugerencia de Joaquim Pedro de Oliveira Martins y deriva claramente de la renuncia de sus miembros a las aspiraciones de la juventud.

 

El grupo se reunía para cenas y reuniones semanales en el Café Tavares, en el Hotel Bragança o en las casas de sus miembros, y se mantuvo activo entre 1887 y 1894, y fue por eso definido por el escritor Eça de Queiroz -uno de sus miembros tardíos - como «un grupo de cenas». El grupo asumía el carácter de una sociedad exclusivista, y congregaba a personajes de la literatura, de la política y presencias frecuentes en los círculos mundanos y aristocráticos.

En esta tertulia se reunían algunos intelectuales y políticos que habían planificado el intento de transformación del país subyacente

a la fase tardía de la Regeneración, por medio de iniciativas de renovación de la vida social y cultural nacional, como fueron las Conferencias del Casino (realizadas en primavera de 1871, en una sala alquilada en el Casino del Largo da Abegoaria, en Lisboa). Fueron impulsadas por el poeta Antero de Quental, bajo la influencia de las ideas revolucionarias de Proudhon. Frente a la percepción de la falta de éxito de ese proceso modernizador, canalizaron su desencanto y la frustración de sus ideales revolucionarios de la juventud hacia un diletantismo elegante e irónico. Surge así la idealización vaga de una aristocracia iluminada como contrapunto del socialismo utópico que algunos de ellos habían defendido anteriormente. El grupo incluía, entre otros, a Ramalho Ortigão, Oliveira Martins, António Cândido, Guerra Junqueiro, Luís de Soveral, Francisco de Mello Breyner (3.er conde de Ficalho), Lima Mayer, Carlos Lobo de Ávila, Bernardo Correia de Melo (1er Conde de Arnoso) y António Maria Menezes (9.º Conde de Sabugosa). Eça de Queiroz formó parte del grupo a partir de 1889

A pesar de declararse "vencidos", la actividad del grupo acabó por hacer renacer y crecer entre sus miembros una nueva esperanza, ya que ganaron influencia ante el príncipe heredero y, después de la muerte de D. Luís I, en 1889, pasaron a influir al nuevo rey, D. Carlos I.

En este contexto, Eça de Queiroz escribió en “Revista de Portugal” en cuanto el príncipe subió al trono: «El Rey surge como la única fuerza que en el país aún vive y opera».

Llegaron a juzgar que se abriría un nuevo ciclo político que consideraba que, por intermediación de un mayor papel del rey y de una nueva política externa libre de la vieja alianza con Inglaterra, sería posible superar la crisis provocada por el régimen oligárquico de la Carta. Sin embargo, el asesino de D. Carlos y del príncipe D. Luís Filipe acabó por echar por tierra sus últimas esperanzas. Con la muerte y el alejamiento progresivo de sus miembros, el grupo "Vencidos da Vida" se disolvió alrededor de 1894.

Serpa, sin embargo, quedó para siempre grabada en la genealogía de algunos de sus miembros: una nieta de Eça de Queiróz, Maria da Dores, se casó con el heredero del marquesado de Ficalho, António Martins de Mello, hijo de Francisco de Mello Breyner, y de la unión nació Matilde Maria de Eça de Queirós Mello Breyner, actual Marquesa de Ficalho, linaje al que pertenece el famoso pazo urbano.

© Augusto Bobone

RESISTENCIA ANTIFASCISTA

La lucha y resistencia de los trabajadores rurales en el concejo de Serpa, enmarcados en un movimiento geográficamente más amplio, desde la I República hasta la caída del fascismo, se presentan como factores señalados en la memoria colectiva local.

 

En la historia de la lucha de los trabajadores rurales del Sur contra el fascismo, por el pan y por su trabajo, por la libertad y progreso social, los trabajadores rurales del concejo de Serpa siempre destacaron por su capacidad de lucha, movilización y organización. El combate y la resistencia contra la dictadura y el fascismo en Portugal constituyeron un proceso continuo a lo largo de la mitad del siglo XX, y en el sur predominantemente agrícola, los trabajadores rurales asumen la vanguardia de esa lucha. Más allá de alguna resistencia unitaria, era el PCP el que estaba implantado en el sur con fuertes organizaciones y que fue esencial para la organización de la lucha y de la resistencia al fascismo. Los militantes (en la clandestinidad) que organizaron esas luchas eran «los hombres de la bicicleta», pues se desplazaban con ayuda de ese medio de transporte, en la oscuridad de la noche, de localidad en localidad, para coordinar las jornadas de resistencia.

 

En Portugal esa lucha duró 44 años (empezó con las huelgas de 1918) -y dejó un rastro de prisiones, torturas y muertes infringidas por el régimen fascista-, hasta la conquista, en 1962, de las 8 horas de trabajo diario, poniendo fin al trabajo de sol a sol.

© DR, Beja 1974-76

LOS BALLESTEROS DEL CUENTO DE SERPA

El concejo de Serpa desempeñó un papel pionero en la estructuración de las milicias llamadas "os Besteiros do Conto", creadas, en 1299, por D. Dinis y extinguidas, en 1498, por D. Manuel.

Los Ballesteros del Cuento de Serpa era una fuerza militar constituida por hombres del pueblo (zapateros, carpinteros, herreros, sastres), cuyos efectivos eran reclutados en el contexto de las milicias municipales. Poseía una estructura de comando autónoma y un sistema especial de pago, y recibían un conjunto de privilegios. Entre sus deberes se incluían los entrenamientos regulares, la posesión de armamento en buenas condiciones y el mantenimiento de una cierta cantidad de munición, con el objetivo de mantener un alto grado de prontitud; deberes que "permanecieron prácticamente inmutables hasta la extinción de este cuerpo militar". Debido a su eficacia y capacidad de movilización de un número predeterminado de combatientes siempre que la Corona lo necesitaba, los ballesteros del cuento se convirtieron en una fuerza de élite, en el contexto de la organización militar portuguesa de la época.

Serpa fue la primera localidad en la que ese nuevo cuerpo militar fue instituido, y donde los privilegios otorgados a esos tiradores, entre 1299 y 1313, se definieron en sus términos esenciales. La milicia de Serpa, en 1299, desempeñaría un papel relevante en el cerco de la ciudad de Portalegre, demostrando de inmediato la importancia de su regimiento.

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